martes, 28 de abril de 2009

Plan A

¿No sería maravilloso?

Es la 1:04

Pages es divertidísimo.

sábado, 25 de abril de 2009

De pandemias

Sí, hay una pandemia en el país, pero de pánico por salir más allá de la puerta de tu casa o por la presencia del mínimo moco en la nariz.

Me espera una agradable tarde de paella y asuntos laborales al sur de la ciudad (yo vivo en el norte), aunque antes de confirmar mi asistencia pensé en un plan de vuelo con las posibilidades mínimas de 'contagio' de este virus que nos ha puesto frente a los televisores, radios y diarios. Concluí que mejor tomo taxi (además de que me dan güeva las tres conexiones que debo hacer para llegar a mi próximo destino), pues tooodos me sugieren que es el medio menos riesgoso porque no estaré en contacto con tanta gente.

Dudé salir de mi depto, y me caga la idea de contraer la afección más fulminante de todas las patologías: el miedo.

jueves, 23 de abril de 2009

Hey, Kid... my kid

Hay un estilo lúdico en Steve McQueen que me enloquece, además de un aire de indiferencia en sus rasgos apacibles, mientras una mirada metódica descansa en su sonrisa infantil.
Pero no podría ser un perverso; sólo es un chico americano que ama las trepidantes historias sobre ruedas, en torno a un paquete de naipes o del desquicio que impulsa a internarse en una fuga constante. Así podría burlar a los salteadores de ganado o a Lancey Howard, interpretado por el mismísimo Edward G. Robinson.

Y en la reconstrucción de una efigie que venero cada noche liderando mi cabecera nocturna, deleito con atención –aunque escriba estas líneas– The Cincinnati Kid de Norman Jewinson, timón en cintas como The Thomas Crown Affaire, Jesus Christ Superstar, El violinista sobre el tejado y En el corazón de la noche. Y Terence no deja de sonreir.
A diferencia de caras sin mácula, como la faz de Paul Newman, este blondo de ojos azules muestra imperfección con agallas. Y si creímos en su personalidad solitaria en cualquiera de sus personajes, siempre hubo en sus gestos una petición de compasión y apetito de amor cuando perdió la buena suerte en un trascendental juego de cartas y frente a un pequeño bolerito de color. Y también 'the King of Cool' sintió miedo. Hasta cuando estuvo en el reformatorio, por su exacta rebeldía, mucho antes de convertirse en actor.
Prudente, cauteloso, de labios homogéneos y con un carisma que sólo admiradoras como yo podremos percibir hasta el final de los tiempos.
Murió cuando yo tenía 6 años y él, 50 –yo, en el DF y él, en Ciudad Juárez– por un infarto debido a los tratamientos contra el cáncer de pulmón.
Me desarmo cuando sé que habrá una transmisión de sus filmes.

viernes, 17 de abril de 2009

De estadísticas

Me enteré de dos rupturas sentimentales con una razón en común. De ambas relaciones conocí someramente las condiciones por las que estuvieron unidos, como que se conocieron en la universidad, que eran afines, con intereses comunes, proyectos, en fin, bienestar a secas. Eso que le llaman "el uno para el otro".
Sin embargo, algo falló, se rompió, faltó... o sobró. Sí, la edad.
Sendos varones de 36 y 37 volaron en aras de una compañía más lozana. Dichas mozas, de 20 años, más o menos. Dentro de las coincidencias temporales –además de que los interfectos son contemporáneos y que los infortunios los supe en lo que va de este mes– la casualidad con respecto a la edad de sus nuevas parejas quizá no sea tal.

Hay un sinfín de especulaciones sobre las 'diferencias' que algunas mujeres que rebasan la década primaveral tienen con las más jóvenes. Que si la arruga, la firmeza, la chispa; que si la medición compulsiva de la estupidez, la independencia aún en el mismo espacio... Todo eso que coloca a algunos hombres en el gran dilema de la supervivencia.

Si antes no fue así gracias a lo maravilloso que fue el hombre que tuve a mi lado durante 6 años... ahí va una de mis impertinentes preguntas: ¿algún día me veré amenazada por la estadística? Lo que sí sé es que, por ahora (la soltería tiene sus ventajas), las probabilidades son nulas.

Qué lástima, hacían bonitas parejas.

lunes, 13 de abril de 2009

Si fuera escultora, pintora...

"Soy admiradora del sexo, y si tuviera la posibilidad, levantaría un monumento a la belleza masculina sin manchar el talento de Miguel Ángel, por supuesto. Nadie en el mundo podrá. Y lo edificaría no sólo por su fisonomía, la cual puede hacerme pensar esas cosas... son, además, la mente ávida de ideas enriquecedoras, el corazón, la pasión por la vida las razones obvias para mí... Y así como hacer honor a tal obra, sólo me diluyo en cuerpo cuando mi receptor tiene todo lo que he mencionado. No es la carne por ser carne."

Éste es sólo un fragmento (pero la premisa) de cierto e-mail que envié y que aún no tiene respuesta. Sé que no la tendré, estoy segura.

También le dije de viva voz a mi lector que mi admiración por 'el acto' sea, posiblemente, por la edad que dichosamente cargo en el cuerpo, la mente, el corazón, no obstante, con ciertas lesiones, y quizá por eso, me aferro aún más a la esencia de cada una de las partes benditas de un ser que conjunte las ganas por sentir como yo, para no perder el camino de la lujuria bien encausada, la cadencia del cuerpo –misma que está lejos de cualquier práctica deportiva que no ejercito–, pues se me han agudizado los sentidos. Sobre todo el séptimo. Neta.

Amo el sexo, tanto que hasta puedo olvidarme de con quien estaría profesando mi admiración, a pesar de que el interlocutor sea un ejemplo de virilidad y sensatez ante la vida, su profesión, ante los deseos de escribir una novela histórica con álgidos pasajes sexuales y que esté de acuerdo en que yo sea quien elija a los actores para llevarla a la pantalla de plata. Con todo y eso, sí, puede pasar inadvertido. No, no soy egoísta, simplemente me estaría ocupando de mí de una rechingada vez por todas, dándome gran festín deleitando la concupiscencia inmortal de la piel masculina... porque sé que sólo esto y mi gran gusto por escribir se irán conmigo a la tumba... que por el bien de quienes reciban mis ardorosos instintos, mi último recinto terrenal esté en espera por mucho tiempo. (Reflexión: creo que las ganas por el sexo valen más que cualquier curva exuberante femenina, con las cuales no cuento. Claro, me echo porras.)

Señor@s: no podría experimentar el tan sagrado erotismo con seres que no yergan su pasión por mi pasión... pues "sólo me diluyo en cuerpo cuando mi receptor tiene todo lo que he mencionado. No es la carne por ser carne." He dicho.

sábado, 11 de abril de 2009

I'll be watching you... Sting

Choteada pero qué chingona...

Oh, can't you see,
you belong to me.
How my poor heart aches,
with every step you take...

jueves, 9 de abril de 2009

No hay nada como...

1. El olor a café recién preparado

2. El sexo... pero el bueno, ¿ok?

3. Un tranquilizante baño de agua fría cuando no lo hay

4. El Woody Allen More Movie Music

5. Preparar una reunión con mis hermanos

6. Fumar escuchando el Woody Allen More Movie Music

7. Los vacacionistas en los principales puntos lejos, muy lejos de esta ciudad

8. Saber que el próximo martes tendré dos horas de radio

9. Saber que alguien, con una copa de Malbec, está pensando en mí por las noches escuchando "A la orilla de la chimenea"... sí, sí, cursi, trillado, pero, nah, es lindo

10. Una lap cuyo monto he pagado en su totalidad, para escribir esto y muchas cosas más