Siento un airecito en mi cuello. Frente a la computadora, me desconcentra un poco. Es frío, me incomoda, tengo la garganta seca y he ido a la cocina por otro café. Estamos a 14 grados y parecen 6.No es lo mismo que su respiración. Me acuerdo cuando, juntos y desnudos la impredecible primera vez, me abrazó y se acurrucó en mi cuello. Ah, ese viento que salió de su boca y chocó entre mi oreja y el hombro; un jadeo suavecito, parece que lo oigo y se me enchina la piel, un resuello impaciente de eso que ocurrió y que nunca se olvidó. Los dos teníamos veintitantos.
Son los vientos que calientan la sangre mientras nos 'toman' por sorpresa (y me siguen 'tomando' por sorpresa).
Ja, mejor voy por una bufanda... y más café.













