Saliendo de laborar, tuve a bien rastrear con radar hambriento un lugar donde cenar. Eran las 10 de la noche y el estómago gritaba se le diera alimento. Entre tacos y... tacos, preferí un par de quecas, que hace mucho no probaba.
He aquí una muestra de aprecio a quienes hacemos de este negocio funcional, quienes apurados y sin ganas de un práctico e incípido sandwich casero, nos estacionemos frente a un comal lleno de grasa y frituras de diferentes sabores, para luego pagar por saciar nuestras almas nocturnas. Al final, un dulcecito para el cebollazo y condimentos varios.














