1. El insomnio de viaje
2. Levantarme a las 5
3. Pedir recibos para todo
4. Que el periódico me manche las manos (esto, siempre)
5. El inglés
6. Los niños abordo
7. Mis pies como globos a la media hora de vuelo
8. Por las mañanas (porque no hay vodka)
9. No puedo dormir
10. Desempacar (y separar la ropa sucia de la limpia, además de la crema embarrada y el perfume que se abrió y se desparramó en toda la maleta)
martes, 21 de agosto de 2007
Cuando llegues...
Cuánto falta para eso... Yo me hubiera quedado contigo, nada más.
La ventana observa la escena, y la sillita junto a la acacia. "Mira, ésta es mi casa, ¿por qué no te quedas?".
¡¡Precaución!!
Son imperceptibles, pero ahí están. Es como un ser que camina en los rincones de la cocina, se alimenta de las sobras de un buen manjar y creemos que de un pisotón acabamos con el problema. O como el cajón más a la mano de nuestro escritorio que vomita cosas y papeles, que aunque servibles, no se han guardado en un archivero, donde deben estar, y no lo notas, pero llegará el día en que no cabrá nada más.No hay de otra, señores, hay que limpiar nuestros cuartos, revisar en cada esquina, prevenirnos de una plaga. No hay de otra, hay que crear un archivero pulcramente destinado y desahogar nuestro cajón... Así son las malas relaciones: escurridizas, abotagadas y peligrosamente imperceptibles.
miércoles, 15 de agosto de 2007
"Morena mía"
martes, 14 de agosto de 2007
Un foco...
Como mucha gente, he tenido aciertos de los que he afianzado mi 'fe', uno de ellos, encender una luz que hace 'seis meses' no prendía. Sí, esos focos que padecen intermitencias y que, al margen de su historia, sólo piden que les den tiempo para funcionar. Qué energía habré emanado esa maravillosa noche de parranda, que encendí una luz que 'ya no prendía'... Señores, no es metáfora, fue un efecto real y físico; sin embargo, me sorprendió. Ese foco es como yo. Sólo espero que siga funcionando.PD: Amor mío, Alma, Ángel, Jazz, Bere... David, gracias!
viernes, 10 de agosto de 2007
Churros con '...latte'
La primera vez que entré a un Starbucks, pedí un café americano... ¿Tamaño?, me preguntaron, chico, por favor. ¿Chico?, ajá... ¿Cómo? Ah, o sea, alto. ¿Cómo? Éste es el alto. Ah, ok, 'alto'... Qué yo sepa, alto se le dice a un edificio alto, a un hombre alto, un monte que sea alto... O sea, alto = grande, largo. En fin, que después de pasar 'tall' vergüenza por ser una 'old fashion' en eso de tomar un ordinario café, de ese día en adelante prometí comprármelo con su respectiva leche Clavel en el puesto de tamales afuera del metrín.Sin embargo, volví.
En Nueva York, hacía tanto frío que un Starbucks (frente a otro Starbucks, en contraesquina de un Starbucks, arriba de un Starbucks) era la opción más inmediata. Gracias a esta visita descubrí tres cosas: 1. que soy pésima hablando inglés con los negros (es que son muy guapos, por eso me chivié), 2. que pude tomar café con leche de soya (soy intolerante, también a la lactosa) 3. que el café no parecía café, era una especie de líquido oscuro con gusto a hollín (me imagino que así sabe el hollín).
Con la alegría de saber que en las sucursales mexicanas ya había leche de soya, hubo una cuarta vez (nótese que todo ha tenido su razón, lo juro) y pedí un capuccino con leche de soya. Ahí aprendí dos cosas: 1. que la leche de soya no hace espumita para un capuccino y 2. que, al preferir un café con leche, no se dice 'café con leche', se dice... 'latte'.
Hoy por la mañana, en vista del retardo garrafal para alcanzar el camión que me lleva de Balderas a esta h. editorial (pues de por sí que ya iba retardada, se me olvidó el celular), caminé más despacio y me dispuse a tomármelo con calma... el café con leche... el 'latte' pues.
Entonces, me bajé de la micro antes de llegar al metro y entré a un Starbucks. Quinta visita. Ahora pedí un 'latte' (me dije, voy bien) largo... ¡¿Largo?! Dirás 'alto'... Me lleva, dije en mis adentros, sí, 'alto', perdón. Me permití una burrada más: Oye, ¿podría ser grande mejor? ¿Sí se puede? La chica detrás del mostrador puso cara de 'pos ya qué' y dirigió las indicaciones pertinentes tanto a la máquina registradora (¿así se dice ahora? Soy como John McClaine, estoy peleada con la vanguardia) y a la chica que preparaba mi 'latte'.
En fin, que al llegar al metrín se me antojaron unos churros, que me comí deliciosamente con mi 'latte' del Starbucks.
miércoles, 8 de agosto de 2007
Qué pena, no soy fan

Me da miedo hablar de cintas que no fueron de mi agrado, por posibles represalias. Sí, de los que creyeron en los creadores mucho antes del estreno y su aburrimiento cuando lean tooodo lo que escribiré, entre otras cosas. Si es así, entonces nunca seré una verdadera crítica de cine. Por ahora sólo juego con las palabras, pero intentaré ser valiente la próxima vez.
Aunque innecesaria (pero un requisito para mí), una 'breve' introducción.
Hasta hace unos años la TV era la mejor oportunidad de realizarse como profesionales del entretenimiento para saltar a la gran pantalla. El objetivo final para muchos de ellos. Sin embargo, los ejemplos que sería casi imposible enumerar, confirman que esta teoría se ha transformado.
Ahora la industria televisiva (la que está bien hecha) es la prueba de fuego más ardiente para equipos completos (actores, escritores, directores, productores y hasta las mismas distribuidoras) para tener el éxito absoluto, es decir, que con ese trabajo (siempre y cuando sea bueno), podrían morir en paz. Sólo algunos: Tarantino y el revuelo causado por su participación en 'CSI' (con esto, su compromiso con la humanidad estaría cumplido); el escritor Drew Goddard y su intervención en seis capítulos de 'Lost' –pues esperemos que no desilucione en el intitulado y enigmáticamente promocionado filme 'J.J. Abrams Project', aka '1-18-08'– y hasta la mismísima y adorada Sarah Jessica Parker en 'Sex and the City', pero tan gris en 'Footloose' (bueno, era apenas una niña), 'La joya de la familia' y 'Soltero en casa' (después de Carrie, la nada).
A lo que voy. Aunque no hubieran probado los licores de la meca, Groening y su equipo podrían morir en paz. ¿Mi opinión? Sobre el esperado capítulo de dos horas de 'Los Simpsons'. Sí, sí, Homero lo advirtió al inicio de la cinta, como advierte una que otra noche que Fox tiene la peor programación de TV y que le encantan las donas. Pero las advertencias son inútiles, sobre todo para los 'fans' de esta familia, sea en la serie, un llavero, un cuadro con la comunidad completa de Springfield y ahora en la película, pues si ésta fue regular, de todos modos ya lo esperaban, pero son fans, o hacen como que nadie los previno y dicen que fue buenísima... porque son fans. Sigamos.
La cosa es que luego de una multitud de fanáticos pero de las premiers (vale madres qué vayan a ver) y de verdaderos seguidores de los Simpson, y la curiosidad a flor de piel, finalmente entramos a la sala. Conté y fueron pocas las veces que reí con ganas y sin ningún compromiso por desquitar el precio del boleto, a pesar de que entendí perfectamente las idioteces a las que estamos acostrumbrados por parte de Homero y las irreverencias de Bart (que esta vez, entraron con calzador) aunque no los vea diariamente ni tenga las 17 (¿ó 18?) temporadas en DVD. Tanto así que fueron aberrantemente predecibles. Chale.
Es más, me queda claro que el objetivo de Matt Groening y su séquito desde el piloto de la historia (mostrado a los ejecutivos días antes del 17 de diciembre del 89) de transgredir y ventilar de manera espontánea a la sociedad no sólo de EU, sino la occidental y consumista (dejen de decir que es sólo gracias a la gringa) es nato. Pero ya han pasado tantos años... En fin, que la inconformidad parte del forzado intento de sus personajes por ser ellos mismos –sobreactuar su propia esencia, digámoslo así–, los desafortunados gangs (no todos, aclaro) y la falta del doblaje original que durante poco más de 15 años les dio un sello especial a los protagonistas –hasta que unos patéticos imitadores se quedaron con la chamba–. En inglés, la serie es divertida, mas no me quedo con ella. Ni hablar, la cinta me pareció una verdadera versión pirata. Así.
Conclusión: no pido que los dobladores anteriores arreglen sus diferencias con la ANDA o no sé quién ni que la mordacidad que todos conocemos se genere en una segunda película... Sólo pido que no haya una segunda película.NOTA: ¡Ah! ¿La historia? Springfield está en peligro de desaparecer por problemas ambientales. Y ya.
jueves, 2 de agosto de 2007
Día marrón
Y sin hacer alusión precisamente a la letra que tan inspirada canta Luz Casal. Es que este día es el típico día de somnolencia semanal. Entonces, por más que agregué crema a mi café, el color es tan marrón que despertaré sin clemencia. Y pensar que es la dosis pasiva de muchos que rondan la redacción. Ya lo había olvidado.¿El sabor? Desagradable. ¿El efecto? Prometedor. Ojalá que mi estómago perdone tanta iniquidad, pero el cerebro debe recibir ayuda, como mis ojos (que no quieren abrirse) y mi boca (que no se conserva cerrada [me han dolido las comisuras] por el bostezo incesante y muy incómodo).
Aunque no sabe tan mal... ¡¿Será que he recordado qué bien se siente en mi boca la cafeína en su máxima expresión?!
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