Me los regaló mi Robert. Un ángel, que conoce mis aficiones. Además de que amo el cine nacional de la época dorada, soy gran fan de los Soler. Son como los tíos que siempre quisimos tener. Por algunos documentos, sé un poco de su historia: que son de origen español, que comenzaron muy temprano en la actuación y que sin ellos, al cine mexicano le faltaría una extremidad.
Tengo mucho qué leer. Tres más se acumulan en la gran pila, además de los tres sustanciosos y últimos capítulos de nuestro 'Nazo redentor'.
Lo prometo: me volcaré a la literatura en serio cuando pase el huracán. Ya dije.
Todo ocurrió en un mes, la vorágine de ideas, compromisos, lágrimas, despedidas, ilusiones, felicitaciones... Sin olvidar los estragos emocionales que ya no merman tanto. ¡Uf! ¡Qué días! No me dejarán mentir, pero ¿a poco no les pasó a ustedes? Los cambios fueron tan perceptibles este año (y parte del anterior), que podríamos cortarlos con una sierra eléctrica. Dicen que es culpa de los astros, de la cuarta dimensión. La verdad a mí me lo explica mi hedmanita y casi le entiendo... casi, pero lo importante de las lecciones es que lo compruebo día a día. Luego de la transición, aparecen los resultados, ahora, a mantenerlos en orden, mantenerse, mantenerse. Lo que sí es que no he dejado de fumar (no fue un propósito, lo advierto), sigo tomando ranitidinas (pronto omeprazol, es que la tensión está de la chet) y los quehaceres laborales los invoco... más, más, ¡MÁS!, que es lo que nos despierta, nos pone alerta, hace que emerjamos y exhalemos de una modorra bastante pesada. Tras mi llegada de un viaje cansadón (como todos) pero con una experiencia hermosa en la maleta (que, por cierto, tengo que desempacar), pongo los asuntos en la mesa y veo que no alcanza el espacio, tomo los más importantes, los de extrema preferencia y digo: gracias, ser supremo, que me das las ganas y la suerte de ser como soy (ah, cómo me quiero, chingaus), de tener lo que en sueños guajiros deseé desde niña y el apoyo de quienes, por elección o no, me han soportado. ¿Más de lo que me gusta? Sí, por favor.
Pues como me la pasé en la feria, es difícil creer que un segundo chance de subir a la montaña rusa puede ser reparador. Si tomamos en cuenta que fue un tanto aterrador y que juré no volver a montarme en ese aparatejo, es impensable siquiera intentarlo con el objetivo de perderle el miedo. Pero a veces lo consideramos, ¿no? Con eso basta para ponerlo en duda y, posiblemente, revertir esa seguridad de decir 'no'. Miradas, palabras, caricias y, sí, sexo y complicidad son conceptos que nos ponen a temblar a la hora de tomar decisiones, de aventarse al ruedo, y en ocasiones, compramos un segundo boleto para darle vuelo a nuestro temores y ponerlos a prueba. Hasta liberarnos, desafanarnos de ellos. Esta madrugada, recordé algunas preguntas, proposiciones y, créanme, es más difícil disponer de nuestras 'habilidades' en una relación, que aceptar una mediana oferta de trabajo, cuya paga no resuelve ni la mitad de tus deudas. Pero no dudas tanto, al fin y al cabo, tendrás trabajo. Pero, ¿decir 'sí' a la montaña rusa, y ahora no por curiosidad? No mientan, por mucho que seamos fans de las buenas dosis de adrenalina aunque sea una vez al año para despertar los sentidos, la pensamos antes de lanzarnos. Sin embargo, supe que alguien se ha dado un nuevo chance de vivirlo, con miedo y todo, y con la gran convicción de que el armatoste es de fiar... pero (otro 'pero'), ¿llegaremos a tener nuestro propio parque de diversiones y tener el control? ¿Ser dueños de todas esas atracciones y gozarlas y ver gozar a quienes hacen uso de ellas, saliendo ilesos de las vueltas, subidas, bajadas, y voltearnos de cabeza sin caer, sin vomitar?
No sé. Lo que sí sé es que a muchos les da nuevos bríos, ganas, y por qué no decirlo, hasta esperanzas.
Por lo pronto, yo vivo con la esperanza de que todo siga bien en mi chamba, y de saber que los que aprecio tienen un nuevo ticket de entrada, el cual no sólo les dará acceso a la montaña rusa, y que nada los detuvo para volver a sentir un cuerpo calientito, vivo, donde puedan acurrucarse otra vez y también sudar a borbotones, y con esto casi (casi) olvidar el pasado.
Me pregunto ahora y, ya, lo confieso, pensando nerviosa en esa invitación a la feria: ¿Me subo?
Nota: ¡A'ijole! El post 1-69 de este año... ¿acaso un aviso divino?
"Dr. Feelgood (Love is a Serious Business)"... que si lo es.
Y sin que se me cacharan... Qué lástima que no hubo suerte con Robert y el señor Dustin. Y sorry, fue con el celular. Se hizo lo posible. Ése es Quentin, medio chueco. Inconfundible. Diane Keaton. Mr. Pacino. También estuvieron Jane Fonda, Fay Dunaway, Steven Spielberg, y no podían faltar Annette Bening y Sherley MacLaine.