"Como todo mundo sabe, yo no soy un alcohólico; desde luego ha habido veces en las que he bebido hasta caerme, pero casi siempre se trata de un ritual delicado, que no te lleva a la auténtica borrachera, sino a una especie de tranquilo bienestar si acaso semejante al efecto de una droga ligera; es algo que me ayuda a vivir y trabajar."
"Durante los últimos años he comprobado la progresiva y totalmente (sic) desaparición del instinto sexual; incluso en sueños. Me alegro. Si se me apareciera Mefistófeles para proponerme eso que se ha dado a llamar virilidad, le contestaría: 'no, muchas gracias, no me interesa. Pero fortaléceme el hígado y los pulmones para que pueda seguir bebiendo y fumando'."
... Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, a Amorous, para que yo me diera cuenta de que Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía (...) Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado. Nadie puede saber lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos, y sin piernas, en una liebre que corre tras de un tigre que duerme.
Me han preguntado si me gustaría ser niña otra vez. No sé qué contestar. Si se tratara de no pensar en otra cosa más que en ir a la escuela, los exámenes, esperar a los Reyes Magos, despedirme de mi hermano mayor antes de dormir recostándome en su cama y vestirme de blanco con moñitos rosas para estar ad doc en un evento especial, lo más probable es que respondería que sí; sin embargo, eso de revivir el momento cuando me confesaron que mi hermanita Hortensia de ocho años había muerto (un año después) y presenciar las constantes riñas por dinero entre mis padres, para después ver a mi amá llorar muy calladita, me hacen dudar en la respuesta.
Pero si se refieren a esa etapa de la vida en la que no hay más obsesión que la del chupón hasta los cuatro años; miedo a dormir con la luz apagada, sola y en silencio (lo he superado), sin olvidarme de ese terror extremo por la Calaca Tilica y Flaca que se transmitía en el canal 5, e inseguridad de no haber estudiado lo suficiente para el examen de mate, por supuesto que respondería que sí.
En los últimos días, y pensando en un hecho del cual se va diluyendo la esperanza de vivirlo otra vez, he reflexionado muuucho al respecto: hay cosas que me serán negadas para el resto de mi vida, que de por sí, es muy afortunada.
1. Quizá nunca haga el amor con Javier Bardem
2. ¡Mucho menos con Sting!
3. No volveré a ver a mi amá
4. Ni llorar en los brazos de mi apá
5. Seguiré fumando
6. Nunca habrá, por lo menos, un jitomate rojito y fresco en el refri
7. Parece que jamás me iré a dormir a las 10 de la noche
8. Ni pensar en que algún día presuma mi flora intestinal como ejemplo de salud
9. Seguiré despertando en sobresalto a las 3 de la mañana por un error, por ejemplo, que estaba a punto de irse en un anuncio que se publicará en la edición de enero
10. Que seguiré siendo la librana más librana de todas las libranas... pfff!
Pensé que este chaparrito se aventaría con todo en la escenas que se antojaban muuuy cachondas en Vicky Cristina Barcelona. No lo nieguen, este pack nos hizo creer que Allen se aventuraría al erotismo explícito en estos días de sincensura, aún más con referencias tan voluptuosas como Gaudí y la Europa de tiempos modernos. Pero no me molestó en lo absoluto... con todo y mis ganas de ver a mi Javi interactuar expresamente. Vulgarmente llamada 'comedia inteligente', podría decir que Vicky... es quizá la más original de sus últimas creaciones, poniendo a Match Point como referencia, con la alusión evidente de Crímenes y pecados en ella. Y aunque Cassandra's Dream también fue un tanto tibia para eso de las terribles consecuencias tras un hecho que parecía inofensivo, me mantuvo muy entusiasmada y ávida de cómo acabarían las cosas, como en todas sus películas. Sin duda, las tragedias griegas y hasta bíblicas siempre fueron la salida más próxima del neoyorquino, aunque hoy con seres un poco menos intelectuales y sin esa carga social y profesional, que sólo una ciudad como la Gran Manzana puede ejercer en cualquiera. Para mí, la estructura de Vicky... es casi impecable. Las piezas se mueven a sus anchas con personalidad propia, incluso esa actitud nerviosa y 'explicativa' de mi ya querida Scarlett como Cristina en una de sus intervenciones –que nos remite al mismo Allen pero con peluca rubia– a pesar de su alma libre y con el único propósito de pasarla bien para, de alguna manera, olvidar sus fracasos. Pero la Cruz en su papel de María Elena fue mi favorita, con esa histeria suicida, que puede reinvindicarse con tan sólo le den amor colectivo. Así el rol de Bardem, Juan Antonio, quien es pintor, como María Elena, y que tiene un 'ecuánime' ímpetu por vivir esa sinergia carnal... aunque puede resignarse con lo que se deje tocar. Mientras Vicky, interpretada por Rebecca Hall, da el motivo cerebral y moralmente correcto con el insípido porte estadounidense de la alta sociedad. Sin olvidar ese inglés-español que le da un ingenioso caos a la historia. Aunque esos diálogos irónicos y llenos de psicología básica que caracterizaron (sí, en pasado) las creaciones de Allen brillaron por su ausencia (again), lo cierto es que la expectativa que levanta cada uno de sus filmes (claro, los que en su elenco sus fetiches son exitosos y dispuestos a ser parte del paquete de celebridades que Allen adopta en cada época... Y con el entrañable Charles H. Joffe en su 'productivo' crew) nos pone alerta de lo que suceda, más allá de las críticas y haciendo a un lado la taquilla y el número de copias con las que se distribuya (en México fueron 200). Con Vicky Cristina Barcelona ha vuelto ese Allen de sórdidas relaciones en círculo que regresan a sus personajes en el lugar donde comenzaron, con una sutil enseñanza aunque muy lejos de la respuesta para encontrar la felicidad. Eso con lo que el narrador (el cual me hubiera encantado que fuera mi buen Woody para darle la entrañabilidad que echo mucho de menos) remata: "And Cristina continued searching... certain only, of what she didn't want".
Éste será el fin de semana de mi querido Woody. No me enteré que Vicky Cristina Barcelona se había estrenado este viernes; estaba tan cansada que cuando fui al centro comercial ni me asomé a la cartelera. Pero algo me decía que debía ver algo de lo que abastece mi devedeteca y me dispuse a disfrutar nuevamente La rosa púrpura del Cairo... Es que, para vivir otra vez esa sensible conexión entre la realidad y el cine, me reencuentro en esta bella alegoría (y no porque sea una mujer sin ambiciones y, muchos menos, reprimida). Este sábado, frente a unos suculentos huevos rancheros, leí el periódico y una módica crítica de la nueva cinta de Allen, y supe de su proyección en México. Al llegar a casa, luego de comerme un no menos delicioso tamarindo que extraí de la cajita de dulces, decorada con la Bella durmiente, que me dieron en la fiesta de cumpleaños de la peque Vale –primogénita de mi querido Sos–, encendí la tele y me encontré con Scoop, con una mundana Scarlett Johansson de lentes, aunque luciendo sus labios bien carnosos (lo acepto, mi Quique, es hermosa) junto a Woody en una comedia, en la que el crimen no podía faltar. Sin ser la gran muvi, no hay duda que el buen Allan Stewart ha sabido conectarse con la actualidad cinéfila por aquello de seguir vigente. Aunque él diga que le importa una shit. Para seguir en la onda fan, continué con New York Stories y rematé con la historia "Edipo reprimido", sobre la conciencia castradora, claro, acargo de su madre, sobre los rascacielos de la Gran Manzana ventaneando su niñez a toda la ciudad. Hoy domingo iré al cine y estaré en la sala en punto de las 4:10 para no perderme ni un solo guiño, ademán, palabra, gesto, etc. etc. de mi soñado Javier Bardem (perdón, pero ya se los había advertido) y, de paso, sabré de la sensual propuesta que se ha empeñado en mostrarnos mi muy preciado 'Red' a través de los actores de moda. Y sin Nueva York, again.
Me limito a decir que muchos han bociferado que esta cinta "sí es de Woody Allen"... Quiero creer que sí, pues su facilidad para tratar las relaciones complicadas es su marca personal, aunque esta vez, 'contemporizadamente', con un Bardem como un toro y la Johansson tan dispuesta a ser cogida en gran faena, al igual que otras dos cómplices, formando un robusto cuarteto que ha cautivado a la audiencia no tan seguidora del director y guionista, y que sólo oyeron de él, mientras huían de sus anteriores filmes.
... Del 2008. Ha sido tan poderoso, que a un mes de acabar parece que la Tierra palpita más fuerte a través de cada rincón de mi resguardo, mi casa, como si fuera a estallar para mi big bang paticular. Vuelvo a sentir mis latidos en cada objeto que me acompaña. Vuelvo a sentir que soy quien mueve las piezas sobre el tablero de flores pintadas de rojo y verde, y el de las neuronas que vuelven a cumplir su función. Sin duda, las catarsis son buenas para retomar el control. Y de nuevo enlisto lo que me motiva aquí adentro para ir de nuevo afuera, aunque sólo sea materia, que para mí tiene vida: mis cuadros, mis cojines, los vasos de plástico, la botella de rompope y mi bata de baño color rosa mexicano; mis pelis, mis discos, el letrero en japonés que dice 'fortuna' y el pequeño bonsai pirata (cuidado, tiene nombre y se llama Goyo), que se resiste a petrificarse por falta de agua de vez en cuando, y un nuevo integrante de hojas plantado en la tierra. El microondas, el refrigerador, la cocina sin estufa y mis latas donde habitan Stan Laurel y Oliver Hardy... Mi cama, los poemas, el señor Linterna verde que me cura mensualmente y mis 'tablitas'; los inciensos, las piedras de los Andes y la pila de libros aún sin leer. Mi cuerpo lleno de humo de cigarro, mi cabello... mi corazón que ya se está regenerando.
El mundo pulsa y estoy dentro de él... Que lo demás se quede afuera y que se resuelva como pueda. Porque yo no puedo resolverlo, excepto la edición de cada mes y sus presupuestos. Que lo demás se las arregle como sea; la ciudad, la contaminación, las almas perdidas, porque yo ya me encontré... again. ¿Este es el principio del encuentro con la paz? Oh, sí, ya lo creo que sí.